Mientras el Gobierno de Estados Unidos compite con China por establecer una base en la Luna, SpaceX y su principal rival, Blue Origin, disputan su lugar dentro de los grandes planes lunares de la NASA.
En una crítica pública bastante directa a SpaceX, Sean Duffy, quien fue brevemente administrador interino de la NASA el año pasado, anunció que la agencia espacial utilizará el vehículo de alunizaje que esté listo primero para completar la misión, prevista, como muy pronto, para 2028. Anteriormente, la NASA había planeado específicamente que Starship cumpliera esa tarea.
Blue Origin planea presentar más adelante este año un diseño preliminar de su vehículo lunar de alunizaje, más parecido a los aparatos de la era Apolo que transportaban astronautas desde su nave hasta la superficie de la Luna.
Todavía no está claro cuál vehículo podría estar listo primero para un alunizaje, pero, en cualquier caso, pocos expertos creen que la misión pueda concretarse realmente en 2028.
Sin embargo, desde las declaraciones de Duffy en 2025, tanto Blue Origin como SpaceX han anunciado cambios operativos destinados a demostrar su compromiso con los planes lunares de la NASA.
Blue Origin dijo que estaba pausando los vuelos de su vehículo suborbital New Shepard, que ha llevado a adinerados turistas espaciales y a celebridades como Katy Perry y William Shatner en viajes de 10 minutos hasta el borde del espacio. La medida permitiría a Blue Origin “redirigir recursos para acelerar aún más el desarrollo de las capacidades lunares tripuladas de la compañía”, dijo la empresa en ese momento.
El CEO de SpaceX, Elon Musk, hizo su propio anuncio en X al afirmar, en una publicación del domingo del Super Bowl, que SpaceX ha cambiado sus prioridades desde su antigua ambición de llegar a Marte hacia la construcción de “una ciudad autosuficiente en expansión en la Luna”.
Fue un giro drástico frente a más de dos décadas de retórica de Musk centrada en Marte.













