La NASA utiliza una versión modificada del avión espía U-2, creado durante la Guerra Fría, para estudiar uno de los fenómenos meteorológicos menos comprendidos de la Tierra: las tormentas generadas por incendios forestales.
El avión, al que la NASA llama ER-2, alberga un laboratorio científico equipado con instrumentos de investigación en lugar de defensas militares y cuenta con un cableado diferente.
La nueva misión de la aeronave es estudiar las tormentas generadas por fenómenos meteorológicos.
Las nubes de fuego, conocidas científicamente como tormentas pirocumulonimbus, son tormentas eléctricas gigantescas producidas por el calor de los incendios forestales. Estas tormentas pueden incluir rayos, fuertes vientos y, en algunos casos, tornados de fuego.
“Es algo así como una chimenea en la que el humo del incendio es impulsado hacia arriba dentro de la tormenta eléctrica, se acelera a través de esa columna vertical y luego es liberado”, dijo David A. Peterson, meteorólogo del Laboratorio de Investigación Naval.
Peterson es el investigador principal de INSPYRE, sigla en inglés del Experimento de Humo Inyectado y Pirocumulonimbus de la NASA, una misión que estudiará el comportamiento errático de estas tormentas.
“La columna de humo generada es básicamente una burbuja cálida que desencadena la tormenta eléctrica, así que es como cualquier otra nube de tormenta eléctrica muy alta y severa, pero ahora la has llenado de humo. En ese momento, el incendio prácticamente se está alimentando a sí mismo”, dijo Peterson.
Los meteorólogos no han podido pronosticar adecuadamente las tormentas pirocumulonimbus porque se forman en condiciones impredecibles. Solo recientemente, los científicos descubrieron que estos sistemas meteorológicos generados por incendios pueden superar una barrera atmosférica natural y llegar a la estratosfera.
“Hay un efecto similar al de un volcán, con humo que es impulsado muy alto en la atmósfera, y hemos aprendido en los últimos años que, una vez que el humo alcanza estas grandes altitudes, obviamente puede ser transportado muy rápido por los vientos de las corrientes en chorro”, dijo Peterson.
La misión despegó en julio y ya ha sobrevolado incendios forestales activos en el norte de Oregon y el oeste de Canadá.
“Con la misión INSPYRE de la NASA, buscamos entender, ante todo, qué condiciones producen estas tormentas”, dijo Peterson.
La NASA, que se encarga tanto de la investigación aeronáutica como de la exploración espacial, utiliza sus aviones ER-2 debido a su capacidad para volar a gran altitud.
“Piensen en él como un satélite dirigible. Vuela por encima del clima, a unos 19.800 metros (65.000 pies), y básicamente podemos hacerlo orbitar de un lado a otro sobre un incendio forestal”, dijo Peterson. “Todos los instrumentos del avión están destinados a medir la energía del incendio en la columna de humo. Hay radares que pueden decirnos qué tan grande es la columna, a qué altitud se encuentra y también cuál es el movimiento del aire dentro de ella. También rastrea los rayos, es decir, el campo eléctrico dentro de estas nubes”.
Mientras el ER-2 sobrevuela la tormenta, la NASA hace volar simultáneamente un avión Gulfstream 5 dentro de las nubes.
“La idea es que los datos que recopilan puedan servir para complementarse entre sí”, dijo Peterson. El G-5 se encuentra directamente dentro de las nubes, por lo que puede proporcionar información a los radares que observan la nube y luego relacionarla con lo que el satélite aéreo está indicando”.
El principal objetivo de esta misión es poder pronosticar algún día estas tormentas.
“Estamos utilizando herramientas que algunos integrantes de nuestro equipo científico están desarrollando ahora para ayudar a orientar la misión, pero también estamos utilizando la misión para retroalimentar y mejorar esas herramientas de predicción”, dijo Peterson. “Inevitablemente habrá un componente de la misión en el que desarrollaremos mejores herramientas para pronosticar este tipo de comportamiento del fuego”.
La historia del ER-2 se remonta a mediados de la década de 1950, antes de los satélites espía, cuando Estados Unidos necesitaba un avión que permitiera saber qué ocurría detrás de la Cortina de Hierro.
“A principios de la década de 1950, los avances militares y económicos soviéticos eran un misterio para Estados Unidos porque la Unión Soviética era una sociedad secreta y cerrada”, según el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
El avión espía U-2, apodado “Dragon Lady”, fue diseñado específicamente para volar a altitudes extremadamente elevadas sobre la Unión Soviética.
En ese momento, Estados Unidos creía que ningún misil soviético podía alcanzar la altitud de crucero del avión, lo que le permitía sobrevolar libremente el país.
Pero el 1 de mayo de 1960, apenas cuatro años después del debut del U-2, el ejército soviético derribó uno de los aviones, pilotado por Francis Gary Powers, lo que demostró que Estados Unidos había subestimado las capacidades soviéticas.
Aun así, el U-2 continuó proporcionando información de inteligencia crucial durante el resto de la Guerra Fría, la crisis de los misiles de Cuba y la guerra de Vietnam, así como durante conflictos modernos, incluidos Iraq y Afganistán.
Ahora, más de 70 años después de su primer vuelo, el U-2 “Dragon Lady” sigue volando y el ER-2 de la NASA está en el aire tratando de derrotar a lo que la agencia llama el “dragón que escupe fuego de las nubes”.













