La tarde del sábado parecía avanzar con la misma rutina de siempre en el barrio El Porvenir, en el municipio de Soledad. El calor golpeaba las fachadas de las viviendas y en la esquina de la calle 17 con carrera 28 algunos vecinos conversaban frente a la tienda La Bendición de Dios, un negocio pequeño de barrio donde el ruido de las motos y la música suele mezclarse con las conversaciones cotidianas. Nadie imaginó que, en cuestión de segundos, el lugar terminaría convertido en una escena de muerte.
Eran aproximadamente las 4:20 de la tarde cuando Miguel Ángel Cantillo Avendaño, de 22 años, permanecía en la esquina del establecimiento comercial. Según el reporte preliminar de las autoridades, dos hombres que se movilizaban en motocicleta aparecieron por la vía y redujeron la velocidad justo frente al joven. La maniobra apenas duró unos instantes, suficientes para que el parrillero sacara un arma de fuego y abriera fuego repetidamente contra él.
Los disparos rompieron la tranquilidad del sector y sembraron el pánico entre quienes se encontraban cerca. Algunos presentes corrieron a refugiarse dentro de sus casas, mientras otros buscaron tirarse al suelo para evitar quedar atrapados en la ráfaga de balas. Testigos aseguran que el estruendo se escuchó en varias cuadras del barrio y que, tras el ataque, la motocicleta desapareció rápidamente del lugar antes de que alguien pudiera reaccionar.
Miguel Ángel quedó tendido en plena esquina, gravemente herido. Varias personas intentaron auxiliarlo en medio de la desesperación, mientras la sangre comenzaba a extenderse sobre el pavimento caliente. Los minutos posteriores estuvieron marcados por los gritos, la confusión y la impotencia de quienes observaban cómo el joven luchaba por sobrevivir. Aunque fue auxiliado tras el atentado, las heridas provocadas por los impactos de bala terminaron siendo letales.
Poco después llegaron unidades de la Policía Metropolitana de Barranquilla, que acordonaron la escena para iniciar las primeras labores investigativas. Los agentes comenzaron la recolección de testimonios y revisaron detalles del ataque para tratar de establecer la ruta de escape de los responsables. En el lugar quedaron las marcas del crimen: casquillos sobre el asfalto, rostros aturdidos y una comunidad golpeada nuevamente por la violencia sicarial.
Con el paso de las horas, las autoridades confirmaron la identidad de la víctima y reiteraron que el caso es materia de investigación. Por ahora, los móviles del homicidio siguen sin esclarecerse. Los investigadores intentan determinar si el crimen estuvo relacionado con disputas criminales, retaliaciones o algún ajuste de cuentas, una hipótesis frecuente en este tipo de ataques ejecutados por hombres armados en motocicleta.
El asesinato de Miguel Ángel Cantillo Avendaño volvió a encender las alarmas en Soledad, un municipio que continúa enfrentando una creciente cadena de hechos violentos. En la esquina de La Bendición de Dios quedó el eco de los disparos y el recuerdo de otra tarde interrumpida abruptamente por la muerte, mientras vecinos observaban, una vez más, cómo la violencia irrumpía en medio de la cotidianidad del barrio.














