En una entrevista para el pódcast ‘El Buscador’, Sebastián Marroquín, más conocido como Juan Pablo Escobar e hijo del fallecido narcotraficante Pablo Escobar, habló sobre su infancia y el entorno del Cartel de Medellín, organización criminal liderada por su padre.
Uno de los temas que abordó junto al periodista Julio Leyva fue uno de los regalos que tuvo en medio de la violenta época que vivió su familia. Un Ferrari Testarossa fue su obsequio más costroso que tuvo a los 13 años y que solo le duró tres días.
“Cuando lo obtienes mal habido no te dura (…) Lo que teníamos volaba por los aires, se destruían, los confiscaban, lo quemaban, se lo robaban”, afirmó Sebastián.
Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la revelación sobre el fanatismo que tenía en su niñez por Michael Jackson, conocido como el ‘Rey del Pop’, y cómo Pablo Escobar habría considerado secuestrarlo para darle un concierto privado.
Según relató, todo surgió luego de que él expresara su deseo de invitar al artista a Colombia para una presentación privada junto a su familia.
De acuerdo con su versión, Pablo Escobar vio esa posibilidad como una oportunidad para atraer al cantante con la promesa de un show y posteriormente retenerlo.
“Eso fue devastador para mí, porque era mi ídolo. Nunca jamás se me habría ocurrido invitarlo para hacerle semejante daño”, recordó Marroquín.
Sebastián atribuyó esa idea a la mentalidad criminal de su padre, asegurando que veía todo desde la conveniencia y con intención de sacar provecho de cualquier situación.
Finalmente, Marroquín aseguró que fingió perder el interés en Michael Jackson para proteger la integridad del artista y evitar que viajara a un país que desconocía por completo. De esa manera, abandonó la iniciativa y el supuesto plan nunca avanzó.
A pesar de ese episodio, Sebastián Marroquín afirmó que, en el ámbito familiar, su padre tenía un comportamiento distinto al que proyectaba como criminal.
Según contó, nunca lo vio gritarle o tratar mal a personas cercanas de su entorno familiar, y recordó anécdotas en las que lo complacía constantemente e incluso interrumpía reuniones para abrazarlo y compartir tiempo con él.
También habló sobre las pasiones que los unían como familia, entre ellas el fútbol y los viajes, así como los atentados que vivieron durante esos años.
Actualmente, explicó que se dedica a contar su historia como una forma de terapia personal y también para que las personas conozcan su versión de hechos que, según él, fueron tergiversados con el paso del tiempo.
“Esto es lo que mis ojos vieron, té invito a que te metas un rato en mis zapatos y veas la vida desde la perspectiva de un niño”, dijo Marroquín.













