Djokovic, reconocido como leyenda por la sabia parroquia del All England Club, que lamentó el adiós del ganador de veinticuatro Grand Slam que no pudo, siquiera, inquietar la autoridad de un jugador que va camino de hacer historia también. Que tiene en la mano revalidar la corona en Wimbledon y ganar su primer grande del curso.
El intenso y sentido abrazo en la red del italiano y el serbio fue significativo. Es el presente Sinner y su rival pretende mantenerse vigente. Es el más grande de siempre, pero quiere más. Se queda sin su octavo Wimbledon, de dar caza a Roger Federer como el rey de este torneo. Y, de momento, de su vigésimo quinto grande.
Las presencias de Djokovic van a menos. Por eso cada adiós es caluroso por si es el último. Asumió su derrota con deportividad, resignado ante un rival superior que se tomó la revancha de la semifinal del Abierto de Australia, cuando fue capaz de eliminar al italiano y apartarle de la final que jugó él y que perdió ante Carlos Alcaraz.
No quiso riesgos un Sinner que arrolló a su rival. El primer italiano en llegar a varias finales en el All England Club y el tercero en activo en conseguirlo, junto a Carlos Alcaraz y el propio Djokovic, tardó dos horas y veinte minutos en resolver un compromiso más desnivelado de lo previsto.
Sumó su decimotercera victoria seguida en la hierba de Londres y la número 99 en Grand Slam el jugador de San Cándido.
El serbio, a sus 39 años, no pudo alargar su leyenda y elevar sus cifras. El vigente campeón se convirtió en el primer jugador italiano en alcanzar múltiples finales individuales de Wimbledon y el tercero en activo en conseguirlo junto a Carlos Alcaraz y el propio Nole.
«Me gustaría volver. Al menos una vez más. Veremos», respondió Djokovic tras ser preguntado si volverá al All England Club el próximo año, cuando tenga 40.
Sinner disputará la final el domingo al alemán Alexander Zverev, que previamente eliminó al ídolo local Arthur Fery por 7-6 (0), 6-2 y 6-4.













