En Leipzig, la ciudad alemana en la que está enterrado el músico Johan Sebastian Bach, el Rayo Vallecano hincó la rodilla y se quedó a un paso de la gloria. Aún así salió por la puerta grande, con la dignidad intacta y el orgullo de clase en alto de su afición tras competir de tú a tú a un rival con 542 millones de presupuesto, cinco veces más que los 107 suyos.
Dos errores de Pathé Ciss seguidos, uno de ellos tras derribar a Yeremy Pino y ver la cartulina amarilla en una jugada en la que no llegó al corte, fueron el reflejo de lo poco cómodo que se sintió el Rayo en la primera mitad, en la que su mejor ocasión fue un remate algo forzado de Alemao que se marchó fuera tras un centro desde la izquierda de Álvaro García.
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Nada más comenzar la segunda parte, a los cinco minutos, el partido se le puso cuesta arriba al Rayo Vallecano. Adam Wharton enfiló en línea recta hasta la frontal del área y lanzó un zurdazo que despejó Batalla con la mala fortuna que le cayó a la pierna izquierda de Mateta, que remató solo a gol.
Ese gol dejó noqueado al Rayo, que pudo lamentar otro gol inmediatamente después. Yeremy Pino lanzó una falta desde la frontal que se estrelló primero en el poste derecho, después en el izquierdo y en la maraña defensiva Óscar Valentín, en su propia portería, también rozó el esférico en un palo.
Hasta el final el Rayo lo intentó de todas las maneras y, aunque sí dio sensación de peligro, no consiguió poner a prueba a Henderson, que vivió demasiado cómodo el último tramo de partido.













