
La llegada de Juan Carlos Florián al Ministerio de la Igualdad y la Equidad no solo agitó la opinión pública por su trayectoria en el activismo y en la industria del entretenimiento para adultos, sino que abrió un debate con un fondo todavía mayor y es la interpretación de la Ley de Cuotas de Género cuando se trata de identidades no binarias o de género fluido.
El Gobierno Nacional defendió el nombramiento Florián con el argumento de que se reconoce como una persona de “género fluido”, una identidad que no se adscribe de forma fija a lo masculino o femenino.
Justamente, Red+ Noticias consultó con Claudia Cortés, profesora e investigadora de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, quien amplió la lupa a la identificación que expuso Florián, que en su momento dijo que prefería que lo llamaran “ministra”.
Cortes afirmó que “antes de hablar de género fluido, conviene aclarar qué entendemos por género”. Ese no es “simplemente una esencia natural ni biológica, sino una construcción social y cultural que organiza expectativas, roles y formas de reconocimiento”. Dentro de su explicación comentó que el género “no es algo que se impone mecánicamente”, sino que se trata de “algo que cada persona experimenta y vive en su cotidianidad”.
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Desde esa perspectiva, dijo Cortés, cuando “alguien se nombra como género fluido está expresando que su identidad no se encasilla en un lugar fijo, sino que puede transitar y desplegarse de maneras distintas según los momentos y los contextos”. Así las cosas, comentó que “lo importante no es si alguien se reconoce como hombre, mujer o género fluido, porque todas son formas igualmente válidas de vivir el género”, sino que “debe estar en la balanza no es la categoría, sino el respeto a la dignidad y al derecho a existir sin discriminación”.
Expresó que existe un “riesgo de encasillar» a las personas en un género, ya que reduce “experiencias diversas a un molde común”. Sobre el hecho de que Florián se describa como una persona de ‘género fluido’ no riñe con su posición de adscribirse como no binaria, pues Cortés señala que “hay puntos de encuentro, porque ambas identidades cuestionan el binario mujer/hombre. Una persona no binaria puede asumir esa identidad de manera más estable, mientras que alguien que se nombra como género fluido resalta el movimiento y el tránsito en su vivencia. Lo importante aquí no es etiquetar desde afuera ni buscar definiciones cerradas, sino escuchar cómo cada persona decide nombrarse».
Sobre el hecho de que Juan Carlos Florián desee que lo llamen “ministra”, la profesora señaló que “cuando pide ser llamado nombrado de esa manera, ”no solo habla de sí mismo», sino que “también hace un gesto político frente a un lenguaje que históricamente ha universalizado lo masculino en los espacios públicos y de poder”. Cortés mencionó que “no se trata de exigir coherencia con categorías tradicionales, sino de respetar cómo cada persona decide ser nombrada y de comprender que el lenguaje es también un terreno de disputa por la igualdad y la dignidad”.
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También expuso que la sorpresa social por estos temas de género “no surge de la existencia de la diversidad en las identidades”, sino de que la sociedad en Colombia ha sido formada «históricamente en un sistema binario que nos enseñó a pensar (o a priorizar) que solo hay dos géneros». Esa educación, transmitida como si fuera natural, hace que cualquier identidad distinta genere extrañeza e inclusive rechazo».
Pero esa reacción no habla de una supuesta ‘rareza’ de las personas diversas, sino de la falta de empatía y sensibilidad con perspectiva de género y derechos. Hoy tenemos la oportunidad de ampliar las conversaciones, reconocer que el género es plural, dinámico y relacional, y construir una sociedad que garantice respeto y dignidad más allá del binario.
Para Cortés, “el reto no es contar cuántos géneros existen, o ver cómo lo encasillamos en dos realidades, sino asegurar que todas las personas, cualquiera sea su identidad, puedan vivir con igualdad de derechos y sin discriminación”.














