En el interior del país pusieron el grito en el cielo, pero Maturana se mantuvo firme en su decisión y para ello contó con el apoyo de dos periodistas con peso a nivel nacional: Édgar Perea y Fabio Poveda Márquez, que ese año se habían unido en Radio Mar Caribe.
“Aquí clasificaremos al Mundial de Italia”, vaticinó Maturana en aquella ocasión. Y lo cumplió. En Barranquilla le ganó a Ecuador, a Paraguay, y en el repechaje a Israel, con el ceébre gol de Albeiro ‘Palomo’ Usuriaga. Después de 28 años, Colombia volvió a un Mundial.
“Hablé con León Londoño (presidente de la FCF) y, en ese análisis, yo no podía irme para Medellín porque se enojaban los de Cali, y no me podía ir para Cali porque se enojaban los de Medellín. Optamos por ir a nuestra casa porque la base de esa Selección era Atlético Nacional y nuestro hermano mayor era Junior. Y Hugo (Illera), Fabio Poveda), Édgar (Perea), José Deyongh hicieron un ambiente muy favorable a Nacional, y aquí nosotros fuimos queridos”, dijo Maturana, exaltado como hijo adoptivo de Barranquilla en los premios al Mérito Deportivo Equinorte 2026.
El chocoano, que volvió a clasificar en Barranquilla para el Mundial de Estados Unidos 94, reconoció que su decisión costó ser aceptada por los bogotanos.
“Decían que Barranquilla era la ciudad de los arroyos porque ya no tenían la comodidad de Bogotá. Eso fue amor puro porque acá en Barranquilla nos sentimos queridos y nosotros queríamos en Barranquilla”, recordó el exseleccionador, que en 2001 volvió a recibir el impulso de los barranquilleros para iniciar el camino triunfal hacia el título de la Copa América.
“El amor de la gente nos hacía mejores a todos nosotros. Barranquilla es un lugar donde nos hicieron sentir como en nuestra casa. Acá en Barranquilla la gente está en nuestro corazón y nunca va a salir”, señaló.

De aquella Selección que dirigió y cuya base, bajo el mando de Hernán Darío Gómez, su asistente, consiguió la clasificación al Mundial de Francia 98, Maturana resaltó que fue un “grupo humano extraordinario”.
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“Nosotros no dependíamos ni del Pibe, dependíamos del grupo humano que se hizo, donde todos eran amigos. El Pibe venía y no jugaba en Francia y, sin embargo, todos los muchachos corrían por el Pibe. Hay un video del partido con Alemania donde al Pibe le pegan una levantada y nadie fue a pelear por él, pero a los cinco minutos Leonel ya había agarrado al que le pegó al Pibe porque le estaban pegando a tu compañero, a tu hermano, a tu amigo. Era un grupo humano extraordinario y todavía siguen siendo amigos y se quieren con ese respeto porque hay unos códigos que nos unieron y nos hicieron mejores”.
Afirmó que, con aquella Selección, se construyó una estructura deportiva que se identificaba con la manera de ser y de pensar del colombiano.
“Antes de eso yo sabía cómo jugaba Brasil, Uruguay y Argentina, pero no sabía cómo jugaba Colombia porque nos preparábamos para contrarrestar lo de ellos. Entonces aprendimos con la sapiencia uruguaya de Ricardo De León, que venía dateado con Rinus Michel y empezamos a entender que la invulnerabilidad era el punto de partida y ahí fuimos construyendo una estructura”.
Con miras al próximo Mundial, Maturana está preparado para hacer fuerza por Colombia, como lo hizo trasnochándose muchas veces para ver las peleas de Pambelé y Rocky Valdés o por la representante de nuestro país en el concurso de Miss Universo.
“Yo siempre hago fuerza por Colombia, pero lo hago con humildad, no salgo a decirlo a los cuatro vientos. En este momento en el fútbol hay 218 federaciones y el Mundial no lo han ganado sino ocho. Cualquiera otro que gane es un asalto a la historia y cuando uno va asaltar la historia no va gritando a todo el mundo lo que va a hacer, sino que va calladito”.














