- La reducción de los casos de dengue frente al histórico pico registrado en 2024 no significa que el peligro haya desaparecido. Expertos reunidos en Cartagena advirtieron que los periodos de menor transmisión deben aprovecharse para fortalecer la prevención y preparar los sistemas sanitarios. En Colombia se han reportado 70.490 casos durante 2026, de los cuales 27.662 han requerido hospitalización.
América Latina no debería esperar a enfrentar una nueva epidemia para reforzar su estrategia contra el dengue. Esa fue una de las principales conclusiones del Latam Dengue Forum, encuentro realizado en Cartagena que reunió a científicos, especialistas, profesionales de la salud y otros actores de diferentes países de la región.
El foro, organizado por la biofarmacéutica Takeda, puso sobre la mesa una advertencia: cuando disminuyen los contagios puede aparecer una falsa sensación de seguridad, pese a que continúan presentes múltiples condiciones que favorecen la transmisión.
Los expertos señalaron que los momentos de menor circulación deben convertirse precisamente en una oportunidad para fortalecer la vigilancia epidemiológica, mejorar la prevención y preparar los servicios sanitarios antes de un próximo incremento de casos.
Hasta la semana epidemiológica 32 de 2026, las Américas habían notificado 1.530.692 casos sospechosos de dengue, lo que equivale a un promedio superior a 6.500 casos diarios, de acuerdo con cifras de la Organización Panamericana de la Salud citadas durante el encuentro.
En Colombia, el panorama también continúa representando un desafío para las autoridades sanitarias.
Según cifras del Instituto Nacional de Salud presentadas en el foro, hasta el 18 de agosto se habían registrado 70.490 casos de dengue en el país.
De ese total, 27.662 pacientes, equivalentes al 39,2 %, requirieron hospitalización.
Aunque las cifras regionales muestran una reducción frente a 2024, cuando se reportaron más de 13 millones de casos y 8.400 muertes, los especialistas insistieron en que esto no significa que la amenaza haya desaparecido.
Otro de los puntos analizados durante el encuentro tiene que ver con la transición demográfica de América Latina y los cambios en el perfil de las personas afectadas por la enfermedad.
Aunque niños y adolescentes continúan representando una población importante dentro de los casos registrados en diferentes países, el envejecimiento poblacional supone nuevos desafíos.
A medida que aumenta la proporción de adultos y personas mayores, los sistemas sanitarios podrían tener que atender a más pacientes con enfermedades preexistentes y riesgos clínicos particulares.
Para los expertos, este escenario obliga a adaptar los sistemas de vigilancia, fortalecer el diagnóstico diferencial y preparar los servicios de salud para una población cada vez más diversa.
Entre los factores que continúan favoreciendo la transmisión aparecen la urbanización acelerada, la movilidad de las personas, las condiciones de las viviendas, las dificultades en el abastecimiento de agua y fenómenos climáticos como El Niño.
Por esta razón, una disminución temporal de los contagios no debería traducirse en una reducción de las acciones preventivas.
Los especialistas coincidieron además en que ninguna herramienta, utilizada de manera aislada, resulta suficiente para controlar el dengue.
La respuesta, señalaron, debe combinar vigilancia epidemiológica, información climática, control del mosquito, eliminación de criaderos, diagnóstico oportuno, identificación temprana de signos de alarma, atención clínica, educación ciudadana, participación comunitaria y vacunación como medida complementaria.
La tecnología también apareció como una herramienta con potencial para fortalecer la lucha contra la enfermedad.
Durante el foro se planteó que la Inteligencia Artificial puede facilitar el análisis de grandes cantidades de información epidemiológica, climática, entomológica y territorial, ayudando a detectar patrones y posibles modificaciones en el comportamiento del dengue.
Esta capacidad podría contribuir a anticipar escenarios de riesgo y orientar decisiones de prevención.
También se destacó el papel que pueden desempeñar comunicadores y líderes digitales para traducir la información científica a un lenguaje comprensible, responder inquietudes y combatir la desinformación.
Las discusiones desarrolladas en Cartagena dejaron cinco grandes conclusiones para fortalecer la respuesta regional frente al dengue: no confundir una reducción de casos con la desaparición del riesgo; adaptarse al cambio en el perfil de los pacientes; combinar diferentes estrategias de prevención y control; aprovechar herramientas innovadoras como la Inteligencia Artificial; y fortalecer la colaboración entre diferentes sectores de la sociedad.
Este último punto resulta fundamental debido a que, según los especialistas, el dengue supera la capacidad de respuesta de una sola institución.
Su prevención requiere el trabajo conjunto de gobiernos, sistemas sanitarios, academia, comunidades, organismos internacionales, sector privado, profesionales de la salud y actores de la comunicación.
“La lucha contra el dengue empieza mucho antes de la aparición de un brote, con preparación, prevención y colaboración”, afirmó Andrés Navarrera, vocero médico de Takeda Colombia.
El mensaje que dejó el encuentro en Cartagena apunta precisamente hacia esa anticipación: el momento para prepararse contra el próximo brote de dengue no es cuando los hospitales comiencen nuevamente a recibir un elevado número de pacientes, sino durante los periodos en los que las cifras permiten fortalecer la prevención y reducir el impacto de una futura epidemia.













