Pereira, Colombia (CNN Español) – Una discoteca convertida en centro de acopio, un restaurante convertido en cocina comunitaria y trabajadores que regresaron voluntariamente a sus puestos, no para atender clientes, sino para alimentar a quienes quedaron afectados por el terremoto.
La mañana del lunes, Gabriel Jaime Montoya solo pudo pensar en su esposa y en sus cuatro hijas. Ponerse a salvo era la prioridad. “Ha sido la experiencia más aterradora de mi vida”, cuenta.
Él llegó al Eje Cafetero durante la pandemia, después de haber vivido en Medellín y Barranquilla. Su esposa es pereirana y juntos decidieron apostar por una ciudad que, según él, los recibió con los brazos abiertos.
Hoy, Gabriel es parte de un grupo empresarial dedicado a la gastronomía, la hotelería y el entretenimiento. Entre sus negocios están Zelva Rooftop, Don Ángel Parrilla y, en sociedad, Tutaina Eje Cafetero.
Pero después del terremoto, los restaurantes dejaron de ser simplemente negocios. Se convirtieron en una forma de ayudar.
“La gente nos necesitaba”
En su propia familia, Gabriel vio de cerca las consecuencias del sismo.
Su suegra, una mujer mayor, quedó con su vivienda seriamente afectada. Él fue por ella y por su mejor amiga y las llevó a su casa. También recibió a otros dos familiares adultos mayores, uno de ellos con cuadriplejia. “Realmente hicimos un espacio que sea importante para ellos, que se sientan que están compartiendo con una familia y que no están solos”, dice.
Y esa misma idea comenzó a trasladarse a la ciudad.
Al recorrer las calles de Pereira, Gabriel encontró un panorama que describe como “desolador”. Más allá de los edificios que colapsaron, dice, hay numerosas estructuras que quedaron afectadas y que ya no pueden ser habitadas.
Pero también encontró otra imagen: ciudadanos comunes retirando escombros, ayudando a sus vecinos y buscando cómo aportar. “Estoy impresionado con la labor que está haciendo el ciudadano del común, el ciudadano de a pie”, asegura.
Él y otros empresarios del sector de la hospitalidad decidieron hacer lo que mejor saben: cocinar y servir.
Así nació una cocina comunitaria que comenzó a funcionar este miércoles en Pereira.
De restaurante a cocina comunitaria
Las cocinas están ubicadas en Don Ángel Parrilla, un restaurante que funciona en la zona exterior de Tutaina. Allí, dos cocinas que normalmente están destinadas a atender clientes ahora tienen otra misión: preparar alimentos para personas que los necesitan. La meta es ambiciosa: entre 1.000 y 1.500 platos de comida cada día.
La iniciativa comenzó a tomar forma apenas un día después del terremoto. Gabriel Montoya y Angélica García empezaron a llamar a proveedores, coordinar ayudas y buscar la manera de poner en marcha las cocinas.
También hablaron con sus trabajadores. Les dijeron que los restaurantes todavía no abrirían sus operaciones y que nadie estaba obligado a regresar a trabajar. Pero que, si alguno quería hacerlo voluntariamente, podía sumarse. Todos decidieron ir. “Les dije a los trabajadores que era el momento de devolver, que estábamos sanos y salvos y que la gente nos necesitaba”, cuenta.
Los proveedores también comenzaron a aportar alimentos e insumos.
Y cerca de allí encontraron otra necesidad urgente.
“Tenemos una clínica al lado que tiene un mundo de voluntarios y de médicos que están trabajando 24-7 sin alimentación”, explica Gabriel.
La comida será destinada a personas afectadas por el terremoto, pero también a quienes están trabajando en medio de la emergencia. Porque en una tragedia, dice Gabriel, algo tan básico como un plato de comida puede convertirse en una ayuda fundamental.
Una red que empieza a crecer
La cocina es solo una parte de la iniciativa.
Tutaina Eje Cafetero, una de las discotecas más grandes de Pereira, está funcionando también como centro de acopio. Allí reciben alimentos no perecederos, insumos y elementos de primera necesidad.
A través de una red de empresarios de la ciudad, están buscando además varios puntos logísticos y bodegas para recibir donaciones provenientes de Pereira, Medellín y otras ciudades. También han conseguido vehículos para transportar las ayudas.
La intención es que la solidaridad no se quede solamente en quienes pueden acercarse personalmente a cocinar o donar. Que se convierta en una red. “Hay gente que se mueve para ayudar, que no quiere crecer sola, sino que quiere que la ciudad crezca”, dice Gabriel.
“En un abrir y cerrar de ojos”
Gabriel habla de la emergencia desde un lugar particular: el de alguien que también perdió cosas.
La cocina de Zelva Rooftop, uno de sus restaurantes, quedó inhabilitada por los daños. Algunos equipos y elementos de almacenamiento resultaron afectados. Pero decidió que eso podía esperar.
“Pensamos que la prioridad en este momento de la gente está por encima del bien personal”, afirma.
Su reflexión va más allá de la comida. El terremoto, dice, obliga a mirar de otra manera aquello que normalmente damos por sentado: la casa, el trabajo, los negocios, las cosas que se construyen durante años.
“Todos pensamos tener la vida asegurada, todos luchamos por bienes materiales y finalmente estos momentos son unos momentos de apertura importantes donde nos damos cuenta de que, en un abrir y cerrar de ojos, todo lo que construiste, todo por lo que has luchado, en dos segundos o en este caso en un minuto, se puede acabar”, explica.
Quizás por eso, en medio de una emergencia que dejó miedo, destrucción y pérdidas, algunas personas están intentando hacer algo tan sencillo como cocinar.
No pueden reconstruir una casa en un día, no pueden borrar el impacto del terremoto, no pueden devolver lo que se perdió. Pero sí pueden encender una cocina, preparar un plato, entregarlo a alguien que lo necesita y recordar, en medio de la tragedia, que nadie debería tener que enfrentarla solo.














