Viktor Gyökeres, impuntual como suele ser habitual en su cita con el gol y torpe en la creación de peligro, y Noni Madueke, el mejor, desatascaron un encuentro que el Arsenal no necesitaba ganar y que se encargó de dejarlo bastante patente.
Los lisboetas, mientras tanto, lamentaban el remate al palo de Geny Catamo cuando moría la primera parte. Y el remate con rosca de Maxi Araújo, bajo el fondo del reloj, que quitó la respiración a los ‘Gunners’.
Leer también: Luis Díaz le dio vida al Bayern Múnich, clasificado a semifinales de la Champions
El esfuerzo titánico les duró unos 75 minutos, hasta que se les notó desfondados. Les faltó ese empujón final para forzar una prórroga más que merecida. En el cuarto de hora final, el Arsenal, con ventaja física y mejores cambios, emergió y pudo ganarlo. Dispuso incluso de un tiro a la madera de Leandro Trossard.
Lo cierto es que al Emirates le daba igual. El juego era horrendo, impropio de un cuartofinalista de Champions y candidato al máximo doblete, pero cuando se gana, todo se disculpa. Este Arsenal no juega bien, pero está a tres partidos de ganar su primer título europeo y su primera Champions.














