Si el año pasado el Liverpool comparecía en octavos como la escuadra más brillante por su magnífico otoño, esta vez lo hizo en una mala racha de resultados y su entrenador, pesando que no le quedan muchas bazas por jugar, revolucionó su esquema.
El partido encontró pronto un único rumbo, el que marcaba el campeón de Europa frente a un rival que buscaba la pirueta salvadora que se le resiste este curso y que es más difícil encontrar forzado por las circunstancias.
Así es difícil contrarrestar el juego de un equipo que va encontrando la versión del año pasado, que vuelve a controlar los tempos y las situaciones y que dio una gran sensación de fortaleza.
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A ello sumó la fortuna, que permitió a Doué adelantar al PSG en el minuto 11 gracias a un balón que salió rebotado en vaselina fuera del alcance de Mamardashvili, un mazazo moral para los visitantes.
Y más motivación para un PSG que se encontraba cómodo, que buscaba espacios entre la maraña ‘red’ y que encontró en un par de ocasiones al meta georgiano, a los 32 minutos a disparo de su compatriota Kvaratskhelia y cinco más tarde de Doué.
Tampoco aprovechó una buena ocasión Dembélé en el 42, mientras que el Liverpool solo daba noticias en jugadas a balón parado, el refugio que ha encontrado el campeón inglés, que no parece suficiente a estas alturas de la élite.
Kvaratskhelia batió a su compatriota en el 65 en una buena jugada individual y los parisienses se lanzaron en tromba a por el tercer gol que certificara su clasificación.
Pero una intervención del VAR para anular un penalti y la buena actuación de Mamardashvili dejó con un hilo de vida a un Liverpool que deberá mejorar mucho para obrar el milagro.














