Un Real Madrid carente de movimiento, previsible y lento en la posesión, añoró de golpe a quien soluciona sus problemas en los días feos, Kylian Mbappé. A la jerarquía de Militao en defensa o de Bellingham en el centro del campo. También sin Camavinga, Asencio o Ceballos. En el alambre siempre por las lesiones y por una falta de calidad alarmante en una plantilla sin respuestas.
El partido pudo tomar otro rumbo pero Vinicius perdonó lo que no se debe. De un robo en zona alta de Thiago Pitarch, puro descaro y personalidad con 18 años en su primera titularidad con el Real Madrid. El error grave de Boselli y un mano a mano desperdiciado, salvado con el pie por David Soria.
Castigado el equipo de Arbeloa en el minuto 39 por su falta de intensidad, perdedor de cada duelo. Desde un mal despeje, centrado de Rüdiger, y la pérdida del duelo aéreo de Tchouaméni ante Arambarri. El balón llovió sobre Satriano que enganchó una volea imparable hasta para Courtois.
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El liderato, hace dos fechas conquistado y perdido en una semana, se volvía a alejar cuatro puntos. En una Liga en la que el Real Madrid aún debe visitar el Camp Nou. Arbeloa, pitado por primera vez por la grada por sustituir a Thiago, no tardó en agitar el avispero con lo poco de lo que dispone. Recurrió a Carvajal, Huijsen y el regreso de Rodrygo. Más tarde Mastantuono. Muy tarde a Brahim.
Y pese al dominio, el aumento de intensidad y el arrebato. Pese a encerrar al Getafe según mermaron sus fuerzas. El arreón madridista no le dio para que al rival le temblasen las piernas. Entre un disparo blando de Thiago en el minuto 51 antes de abandonar al partido hasta una mano salvadora de Soria a un cabezazo de Rodrygo, transcurrieron 29 minutos sin disparos a puerta.
Más corazón que fútbol. Más queja contra el arbitraje que calidad con balón. Una falta de contundencia defensiva alarmante. Una reducción de variedad ofensiva que acabó desatando los silbidos de la grada. Del orgullo nacieron los últimos intentos. De un arranque de Carreras que permitió el chut a Soria de Mastantuono y un mal remate de Rodrygo de cabeza antes de adentrarse en su enésima crisis del curso impulsada por un Getafe que ya acaricia la permanencia con su mutación.














