En un momento en el que la inteligencia artificial avanza a un ritmo sin precedentes y redefine la forma en que vivimos, trabajamos y lideramos, surgen interrogantes que atraviesan todos los sectores: ¿Qué papel le queda al ser humano en medio de esta transformación?
Frente al auge de la IA, el LIT Summit que se realiza los días 24 y 25 de octubre en Bogotá, propone un giro radical: priorizar la inteligencia emocional ampliada, la inteligencia con propósito como un nuevo estándar de influencia.
Betlem Gomila, cofundadora de LIT CLUB, PHD, terapeuta y ex coach del Barça femenino llama la atención sobre “el poder de liderar desde lo que realmente importa: la claridad interna, el propósito, la capacidad de sentir y decidir desde lo que genera paz y bienestar al ser humano”.
Hay varios datos en los que nos podemos apoyar actualmente y citaré para ello algunos expertos en el tema. Giovanni Stella, conferencista del evento y socio fundador de Glaix.ai, presenta en su conferencia “IA con canas: Cómo usar la IA para tu propósito de vida”.
Los números no mienten. La transformación ya comenzó, pues él indica que para el 2030 se espera que el 22% de los trabajos globales se habrán transformado, y en Latam hasta casi un 40% de los empleos habrá sido expuestos a cambios por la inteligencia artificial.
El World Economic Forum indica que la inteligencia artificial solo este año, va a crear 170 millones de puestos de trabajo, 90 van a desaparecer, pero el saldo va a ser positivo por alrededor de 78 billones. Giovanni Stella también resalta que las personas que ya están incluyendo inteligencia artificial en su día a día se vuelven hasta tres veces más productivas que sus colegas tradicionales.
Y es que si nos fijamos crear una aplicación hace unos años costaba 50.000 dólares y se requería un perfil técnico. Hoy en día, con la inteligencia artificial, todo esto se volvió más sencillo, menos caro, con 100 dólares se puede incluso hacer sin tener un conocimiento técnico, sin tener una maestría o conocimientos profundos de desarrollo de software.

Betlem Gomila, cofundadora de LIT CLUB, PHD, terapeuta y ex coach del Barça femenino
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Mantener el propósito en medio del cambio es recordar para qué haces lo que haces. La tecnología puede ayudarte a adaptarte, pero el alma de tu liderazgo sigue siendo humana: tu conciencia, tu coherencia y tu capacidad de conexión.
El propósito es el faro que evita que el éxito te vacíe. Guía cada decisión, incluso en la incertidumbre, porque te recuerda quién eres y para qué estás liderando.
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Cuando un líder mira el miedo con curiosidad, lo transforma en aprendizaje. La inteligencia artificial no viene a quitarnos humanidad, sino a devolvernos tiempo para ejercerla. Para lo cual habilidades emocionales y humanas como la escucha, empatía, presencia y gestión emocional se vuelven relevantes. En un mundo acelerado por la tecnología, estas habilidades son imprescindibles.

«Mantener el propósito en medio del cambio es recordar para qué haces lo que haces», dice la experta..
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El gran desafío no es técnico, es ético: decidir hasta dónde dejamos que la tecnología actúe sin alma. Las empresas necesitan líderes que pongan conciencia donde el algoritmo no llega.
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Un líder puede inspirar a su equipo a encontrar sentido a su labor, aunque muchas de las tareas ya están automatizadas, ayudando a que cada persona vea el sentido detrás de su tarea. No importa lo que haga una máquina, lo que da valor es la conciencia con la que lo hacemos.
Cuando un líder se quita la armadura, no pierde fuerza: gana verdad. Del otro lado del éxito profesional hay algo más grande que el logro: hay sentido… y, sobre todo, la voz del alma que te recuerda quién eres.
Otro elemento importante para el líder es el autoconocimiento, como base del aprendizaje continuo. Solo quien se conoce puede decidir qué aprender, qué soltar y qué dirección seguir sin perderse en la velocidad del cambio, que nos trae la inteligencia artificial.

Considera que cuando un líder mira el miedo con curiosidad, lo transforma en aprendizaje.
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Ha venido para quedarse, y eso es indiscutible. Puede ser una herramienta de enorme valor, pero solo cuando quien la utiliza tiene conciencia, coherencia interna y sabiduría para gestionarla. Lo esencial es recordar quién maneja a quién.
La tecnología puede ayudarnos a optimizar procesos, a ahorrar tiempo y a hacer más ágil nuestra vida cotidiana, pero ese tiempo ganado no debería destinarse a seguir corriendo dentro de la misma rueda del hámster. Si la IA nos permite liberar espacio, ese espacio debe ponerse al servicio del alma, de nuestro propósito, de aquello que da sentido a nuestra existencia.
Desde mi mirada, el alma es lo que diferencia al ser humano de la máquina.
Podemos usar la inteligencia artificial para revisar un texto, transcribir una entrevista o procesar datos en segundos, pero lo que nunca podrá hacer es sentir. No podrá experimentar empatía, aprecio, esperanza o conexión real con otro ser humano.
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Puede simular esas emociones, pero no vivirlas. Por eso es tan importante mantener la coherencia y la sabiduría interna que nos permiten seguir creando vínculos auténticos, porque la tecnología debe estar a nuestro servicio, no al revés.
La inteligencia artificial, como cualquier herramienta, puede ser usada para bien o para mal. } Si se utiliza con sentido, alineada con nuestro propósito, puede convertirse en una aliada poderosa para el desarrollo humano y espiritual.
Pero si se usa desde el desequilibrio o la desconexión interior, puede volverse un veneno. La diferencia está en la conciencia con la que decidamos emplearla: ahí radica la frontera entre el remedio y el riesgo.
CONSTANZA GÓMEZ GUASCA
REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
PORTAFOLIO














