“Llega a El Boliche, que allá lo consigues…”, “lo que no encuentres en El Boliche, no lo encuentras en ningún lado…”; “la pieza que necesitas, la encuentras en El Boliche…”. Estas tres frases siempre han estado en la memoria colectiva de los barranquilleros, al menos en las viejas generaciones que siempre han asociado a ese sector deprimido del Centro de Barranquilla con talleres de metalmecánica y chatarrerías.














