Si la deuda aumenta tu patrimonio neto y te ayuda a generar ingresos, esa deuda es buena. Por ejemplo, un préstamo para invertir, sabiendo de sus riesgos, puede ser una inversión que genere más dinero que los intereses a pagar por el préstamo a largo plazo.
Probablemente no haya mejor deuda que una hipoteca. Lo que gastas en pagar la hipoteca revierte en tu propio matrimonio, en vez de ir a parar al bolsillo del arrendador. Además, te da la seguridad y la estabilidad de tener tu propia casa.
Ahora bien, cualquier cosa que disminuya de valor al minuto siguiente de comprarla, es una deuda mala. El ejemplo más claro de deuda mala, son los préstamos de día de pago.
Pueden parecer un salvavidas si necesitas dinero rápidamente, pero sus elevadas comisiones y breves plazos de pago pueden llevarte a un espiral de deudas.
Las deudas que generan las tarjetas de crédito no son muchos mejores. Si no las pagas todos los meses, la deuda te tendrá secuestrado durante años.
Ten en cuenta la diferencia a la hora de tomar decisiones financieras importantes y protege tu estabilidad económica. Recuerda que las deudas buenas son las que compran activos y te ayudarán a mejorar tu situación financiera, y, por otro lado, las deudas malas son los préstamos o deudas que no financie la compra de un activo y se destine a un pasivo. En todo caso, las compras de bienes de consumo. Por ejemplo, comprar televisor, comprar o cambiar de celular cuando no es necesario, lo mismo con financiar viajes y fiestas.














