De inmediato, Yinaris reunió a sus dirigidas y les habló de lo “delicado” y “peligroso” que esto era. Dijo que confió en que habían entendido su mensaje.
Pero pasaron los partidos y ella notó que sucedía lo mismo del año pasado, que el equipo jugaba aceptablemente, pero se les iban (perdían) en los últimos minutos por errores increíbles.














